|
DEL
DIRECTOR
por Juan Diez del Corral
Dado
que la religión del Arte no tiene un santoral
ligado al calendario anual, los obispos y predicadores
de esta secta han tomado por costumbre echar mano de
los aniversarios y centenarios de los Artistas con la
beata intención de recordarnos sus vidas y milagros
para que, como en toda adoración, se les glorifique
para la vida eterna y sirvan de ejemplo para nuestra
propia salvación.
Este
tipo de ceremoniales conlleva un trabajo de preparación
de exposiciones y conferencias, divulgación de
notas de prensa y publicidad, con que el que se nos
tiene entretenido a buen número de funcionarios
de conserjerías, departamentos universitarios,
profesores, estudiantes y hasta vocales de cultura de
los Colegios, y que finalmente no lleva sino a repetir
una serie de jaculatorias escritas tiempo ha, en los
catecismos de la secta.
Y
así, la muestra preparada por la Universidad
de Valladolid y el Colegio de Arquitectos de Castilla
y León Este en el 2002 sobre el centenario de
Barragán, Breuer, Jacobsen y Sert, ha llegado
a nuestro Colegio en forma de cuatro retablos, cuyo
desorden expositivo y palabrerío hueco y aleatorio
(fotos variadas de "texturas" "transparencias"
"escala doméstica" "abstracción"
y "paisaje" junto a frasecitas de aquí
y de allá, totum revolutum) llevan a pensar que,
lejos de causar debates, aumentar nuestra experiencia
y aprendizaje, o remover conciencias, de lo que se trata
es de celebrar un aburrido rito más de la religión
susodicha.
Pero
como la alegría de la irreverencia puede saltar
por donde menos te lo esperas, hete aquí que
los cuatro retablos de quienes se habían distinguido
en vida y obra por su racionalidad y ortogonalidad,
van y los colocan todos torcidos y en diagonal como
si el maligno espíritu de la forma del ayuntamiento
de esta ciudad quisiera que todo se acomodara a sus
líneas quebradas en vez de a los racionales ejes
de la sempiterna trama urbana. Cuando estas cosas pasan
no sabes si reírte o echarte a llorar, si es
mejor dejarlos así para que alguien se pueda
divertir con la irreverencia, o lamentar la falta de
coherencia interna.
Amén
de los retablos mencionados, y por la parte de atrás
de los mismos, se malpresentaba en la susodicha exposición
algo así como un trabajo de escuela en el que
algún profesor cuya responsabilidad se omitía,
había seleccionado unas cuantas casas de cada
uno de los santos y había ordenado hacer unas
maquetas de las mismas bajo la archisabida advocación
de que la arquitectura moderna entra por la casa. Las
maquetas eran monócromas (muy oportuno para contar
la arquitectura de Barragán, por ejemplo), estaban
metidas en unas urnas inaccesibles, y carecían
de escala, así que no valían ni para un
estudio comparativo entre las dimensiones de unas y
otras. Por lo demás, hay que ser muy miope para
meter en el mismo saco al triste palacio de Barragán
con los ilusionados prototipos veraniegos o suburbanos
de Sert y de Breuer...
Pero
en fin, como elhAll es un medio de comunicación
positivo, y no quisiera yo por nada del mundo que se
uniese al bostezo de la misa o se quedase en la irreverencia
de la crítica, me dije que como además
de santos, esos cuatro personajes fueron seres humanos
y arquitectos como nosotros, quizás alguno de
nosotros podría contar algo nuevo y distinto
a través de su experiencia personal o de su contacto
directo con la obra, para enriquecer así el acerbo
cultural de la exposición (qué bonita
que me ha quedado esa frase), y humanizarla un poco,
bajando a los santos del retablo... aunque, -perdonadme
el excursus-, quizás como más se humanice
es con la mismísima adoración, porque
ya no sé si no hay nada más humano que
la propia adoración a los santos....
Mientras
deambulaba por entre los retablos una mañana
para hacer unas fotos conmemorativas y de presentación,
acertaron a pasar por allí Pepe Garrido y José
Miguel León; les hice la propuesta y con su habitual
generosidad aceptaron de inmediato escribir cada uno
una página del hC. La invitación a Gaspar
Aragón se la hice por teléfono acordándome
del embeleso que en el día de la exposición
le causaba el panel de Barragán, y la aceptó
igualmente sin pestañear con ese mismo talante
positivo que él siempre tiene y que esta publicación
predica. Por último, visto lo visto en la conferencia
que el profesor de la Escuela de Valladolid Eusebio
Alonso dio en el Colegio, yo me elegí contar
algo de Marcel Breuer, por aquello de retarme a mí
mismo a mejorar los habituales niveles de comunicación
respecto a la arquitectura. El resultado ahí
está, en el cuadernillo central de este mes.
Respecto
al elhAll sigo diciendo que cada mes me cuesta más
rellenar sus páginas con colaboraciones espontáneas.
Hablando de ello con el Decano al acabar la última
comisión de cultura, me decía Domingo
con añoranza que quién hubiera tenido
una publicación como elhAll hace treinta años,
con las ganas que teníamos todos de escribir
para hacer oír nuestra voz. ¿Qué
nos pasa ahora? ¿No hay ganas de decir nada?
¿Ha caído la escritura tan en descrédito
que comunicarse por escrito para participar en la vida
pública es una pérdida de tiempo y una
actividad ridícula?
Decía
desanimado hace unos cuantos "joles" que la
publicidad ha absorbido lo público y aniquilado
así la escritura, pero jol a jol, y aquí
tenemos ya el 77, algunos valientes siguen animados
a resistir. Para ellos todo mi aprecio.
|
|