|
GRANDES
PROYECTOS URBANOS
por Juan Diez del Corral
En
la semana del 4 al 7 de mayo de este año, el
Lincoln Institute de la Universidad de Cambridge (Massachusset),
la Universidad Carlos III de Madrid y los departamentos
de Geografía de las Universidades de La Laguna
y Las Palmas de Gran Ganaria, organizaron un reducido
curso-simposio en Tenerife sobre el controvertido tema
de los GRANDES PROYECTOS URBANOS (en adelante GPU),
al que tuve la suerte de ser invitado por el Catedrático
de Geografía y vicerrector de la Universidad
Carlos III, Guillermo Morales Matos, -a quien los coleccionistas
de elhAll pueden recordar como autor de un largo artículo
publicado en elhAll nº 10, de octubre de 1995,
titulado "Reflexiones sobre la ordenación
urbanística del suelo rústico o suelo
no urbanizable en España". Media docena
de ponentes con gran experiencia en proyectos urbanos
impartieron una serie de densas conferencias a poco
más de una docena de asistentes que, excepto
en mi caso, estaban invitados por tener en sus manos
la responsabilidad o el seguimiento de algún
GPU que, durante el simposio, tendrían también
que contarlo a los demás.
Como
la encargada de poner orden en el simposio, la geógrafa
Luz Marina García Herrera, para aclararse un
poco sobre la justificación de mi presencia,
solía usar conmigo el lamentable eufemismo pedagógico
de "transversal", voy a tratar de ejercerlo
a posteriori haciendo una crónica-valoración
de lo allí expuesto (y de lo que yo pude aprender),
no tanto para lavar mi mala conciencia de intruso como
para ilustrar al lector de elhAll sobre el asunto de
los GPU que, aquí mismo, en Logroño, es
de plena actualidad por el tema del soterramiento del
ferrocarril y por el uso de los terrenos de gran centralidad
urbana que hasta ahora ocupan las vías de la
estación.
¿Qué
es un GPU?
Como
en las Escuelas de Arquitectura ya se enseñará
lo que es un GPU, me da un poco de apuro competir con
el mundo académico ofreciendo una definición
de este tipo de intervención sobre la ciudad
que, por gestarse justamente en los setenta, todavía
no se impartía en las aulas cuando yo pasé
por ellas. Lo que sí es cierto, es que algo del
debate de la crisis del planeamiento urbanístico
basado en el zoning, los standards, y la ausencia de
propuestas formales (arquitectónicas) de los
planes, ya se empezaba a respirar en la Escuela de Arquitectura
de Barcelona por entonces, pues precisamente el Laboratorio
de Urbanismo de la escuela, que dirigía Manuel
Solá-Morales, era a la sazón uno de los
pioneros en la búsqueda de esa herramienta operativa
de intervención en la ciudad a mitad de camino
entre el urbanismo y la arquitectura. Mientras que por
un lado, el urbanismo de manchas parecía haber
caído en una abstracción excesiva e inoperante
para la incorporación de grandes infraestructuras
viarias o de servicios, y por el otro, las renovaciones
tipológicas de la arquitectura cada vez estaban
más faltas de referencias urbanas, la idea de
que la ciudad pudiera, si no crecer, sí por lo
menos curarse de sus zonas más degradadas y confusas,
mediante grandes proyectosviarios-urbanísticos-arquitectónicos,
parecía ser la piedra filosofal de un urbanismo
renovado y más operativo.
Descubierto
para la disciplina académica el invento, las
experiencias concretas habrían de ir dándole
historia, enseñándonos, como con toda
nueva técnica, sus virtudes y sus peligros. Ignoro
si los manuales de Urbanismo incluyen ya una historia
de ese tipo pero en todo caso, el curso-simposio de
Tenerife ofreció de modo directo, un buen muestrario,
y de modo indirecto, múltiples alusiones a otros
muchos casos.
Con
todo ello, cabe decir que la figura de los GPU no está
aún lo suficientemente reconocida pues el Lincoln
Institute, con una metodología muy a la americana,
planteó como cierre del simposio un interesantísimo
torneo entre partidarios y detractores de los GPU, (en
el que, por cierto, participé como detractor),
sobre el que volveré para cerrar esta crónica.
Precedentes
notabilísimos
En
cualquier caso, es preciso señalar que antes
de la década de los setenta del pasado siglo,
en la que, como he dicho, cabe fijar su nacimiento,
muchas otras intervenciones sobre la ciudad orgánica
o sobre la ciudad planificada ya habían tenido
lugar, con unas características parecidas a nuestros
GPUs, esto es, a medio camino entre la alteración
o confección del plano de la ciudad y el proyecto
arquitectónico circunscrito a su solar.
Leonardo
Benévolo ha contado muchas de ellas en su siempre
encomiables Historia de la Arquitectura del Renacimiento,
Historia de la Arquitectura Moderna y la colección
de cinco volúmenes sobre el Diseño de
la Ciudad. Y así, el gran ciclo de obras públicas
que transforman Florencia a finales el siglo XIII bajo
la supervisión de Arnolfo di Cambio, podría
considerarse como uno de los primeros GPUs de la historia
(véase Diseño de la Ciudad vol. 3, pag
143 y ss). Con niveles más modestos de intervención
aunque a veces más profundo alcance en sus resultados,
todas las obras arquitectónico-urbanísticas
recogidas en el capitulo "Hacia la Ciudad Ideal"
del vol I de la H. de la Arq. del Renacimento, podrían
a su vez entenderse como primitivos GPUs, precedentes
todos ellos de la gran transformación que sobre
la decrépita Roma del cuatrocento organizaron
los papas del cinquecento desde la llegada al solio
pontificio de Julio II en 1503 hasta el papado del gran
urbanista Sixto V, con la intervención de artistas
tan de primer línea como Miguel Angel Buonarroti,
Bernini, etc -proceso mejor contado en este caso por
el gran Wolfang Braunfels en su impagable tratado titulado
Urbanismo Occidental (Alianza Forma, ed 1987 pag 279
y ss)
El
gran éxito propagandístico de la operación
papal sobre la ciudad de Roma, con el relanzamiento
de la religión católica apostólica
por los siglos de los siglos, es el primer indicio de
que los GPUs van a ser, en origen, un mecanismo mediante
el que hacer de la ciudad no tanto el lugar habitable
de un grupo humano (urbs, civitas y polis) sino el espacio
de representación del poder. Y también
que el papel protagonista de los artistas más
originales y creativos va a aparecer ligado a este tipo
de operaciones desde sus orígenes, para asegurarse,
si no el éxito urbano, sí el de hacerse
con un importante hueco en la colección mundial
de arquitecturas.
Como
en mi ánimo no está el ser exhaustivo
ni erudito, daré un salto en este rastreo de
los orígenes de los GPUs hasta las famosas operaciones
de sventramento del siglo XIX, entre las que, sin duda,
sobresale la del barón de Haussman sobre París.
Al miedo del poder a la comuna, y a la utilización
de las reformas urbanísticas para adecuar la
ciudad a los mecanismos de represión del poder,
es decir, para que el poder siga representándose
en ella y la ciudad sea su espacio propio y no el de
los ciudadanos, se añadirá ahora un nuevo
componente que a partir de este momento va a estar indisolublemente
ligado a todo GPU: la generación de un importante
paquete de plusvalías económicas como
motor de la operación.
Durante
el siglo XX, de la mano de algunos arquitectos visionarios
aparecen algunos proyectos integradores de la trama
urbana y la edificación que tienen más
de ensoñaciones arquitectónicas que de
GPUs. Me refiero, entre otras, a las propuestas de Le
Corbusier hechas desde el avión para Río
de Janeiro, Sao Paulo y Montevideo (1929) o Argel (1930),
(véase el interesante Le Corbusier de Carlo Cresti,
ed Nauta, Barcelona 1971) o las megaestructuras de Archigram,
Kenzo Tange, etc. divulgadas por Reyner Banham en su
conocido libro así titulado, "Megaestructuras"
(GG 1978). A pesar de su megalomanía, o quizás
por ella, no deben de entenderse como GPUs, aunque de
algún modo pudieran considerarse como precedente
de los muchos menos visionarios shoppings centers o
heron citys que vienen acosando últimamente a
nuestras ciudades desde el exterior.
A
pesar de su enorme trascendencia como sistema de irrigación
de los tejidos urbanos existentes, tampoco cabría
considerar como GPUs a las grandes obras de infraestructuras,
autopistas y circunvalaciones, de entre las que fue
pionero el plan de autopistas de Nueva York de los años
veinte, derivado del plan de aparcamientos de Robert
Moses. De aquellas autopistas surgió una metástasis
urbana entre Boston y Washington DC en forma de megalópolis,
y no un grupo de arquitecturas simbólicas, unos
nuevos centros urbanos, o unas operaciones económicas
más o menos acotadas, aspectos todos ellos que
serán consustanciales en la definición
de un GPU.
El
caso Barcelona
Pero
dejemos los antecedentes y volvamos a la actualidad.
No es extraño que habiendo sido Barcelona la
cuna del invento de los GPUs fuera así mismo
una de la primeras ciudades beneficiadas a nivel mundial
por su utilización, consiguiendo gracias a ello
ser la única ciudad del mundo que ha sido reconocida
por el premio anual de arquitectura del RIBA. Tal y
como he contado en El Retablo de Ambasaguas (ed COAR
pag 97), algunas ciudades como Nápoles hasta
organizaron simposios con gentes próximas al
fenómeno para tratar de aprender cómo
se podía hacer algo parecido, y urbanistas como
Eduard Bru, entonces director de la Escuela de Arquitectura
de Barcelona, les explicaron algunas de las claves del
éxito. Lástima que tipos como el antropólogo
Manuel Delgado o yo mismo, fueran también invitados
al simposio para empañar con lecturas distintas
de Barcelona y de la ciudad en general, los brillos
olímpicos de los artistas mundiales convocados
por los socialistas catalanes y españoles en
torno a los juegos olímpicos de 1992 (véase
Conferencia de Nápoles, rev Astrágalo;
o "Barcelona, del seny al disseny" artículo
inédito contenido en el libro también
inédito "Una Voz en un Lugar").
Y
lástima también que los éxitos
durasen lo que tardan en apagarse las candilejas de
la representación, porque al poco tiempo de los
fastos, las vías rápidas de circunvalación
ya estaban colapsadas, la villa olímpica tenía
el aspecto de un pobre museo de arquitecturas de autores
locales en materia de vivienda sin cuajar en ciudad,
y las Ramblas habían vuelto a retomar su aire
chabacano de siempre.
Pero
como capital del invento, Barcelona, gobernada por los
mismos "socialistas" de entonces, en vez de
repensarse sus virtudes y sus peligros, y ponerse al
día en los grandes problemas que parecen cada
vez más evidentes en la relación de la
ciudad con su área metropolitana, le ha cogido
gustillo a los GPUs y a sus premios, y los ha vuelto
a poner en marcha en la operación de Diagonal
Mar, con un racimo de obras simbólico-especulativas
en su arranque de la Plaza de las Glorias, y con otras,
no menos llamadas a entrar en las historias de la arquitectura,
en ese final de feria llamado Forum de las Culturas.
El
arquitecto y profesor de la Escuela de Barcelona, Joaquín
Sabaté Bel, en una larga ponencia titulada Luces
y Sombras del Modelo Barcelona, nos habló en
Tenerife largo y tendido de todo ello, tratando de decir
con cierto tono de denuncia, o cierta melancolía,
que lo que pudo ser ejemplar en el 92, empezaba a ser
corrupto en el 04. Amén de las crisis del modelo
de gestión que llevaron a la renuncia del equipo
redactor por la desaparición, entre otras cosas,
del 30% de los aprovechamientos destinados a vivienda
pública, el urbanismo de Diagonal Mar, dijo,
muestra un proceso fragmentario, opaco, y mesiánico,
que a la postre no hace sino dejar sembrada Barcelona
de unos cuantos objetos autónomos más
o menos interesantes. Para acabar, Sabaté remachó
su sermón con una frase tan propia de la ignorancia
de nuestros tiempos en materia de arquitectura, que
yo no pude sino saltar del asiento: "actualmente,
dijo, en Barcelona se está construyendo arquitectura
y no se está haciendo ciudad".
Digo
que me indigné porque yo nunca llamaré
arquitectura a aquello que no haga ciudad. Y quien siga
más o menos la trayectoria de mis escritos sabe
muy bien por qué aborrezco a todos esos nombres
de artistas que inundan y corrompen el panorama mundial
de la arquitectura, empezando por mi maestro R. Moneo.
Lo
que pasa es que si la ciudad es, una vez más
(y para algunos), el espacio de representación
del poder, no es cierto que los edificios de Diagonal
Mar no hagan ciudad. Los pirulís, filigranas,
compacidades, tersuras, o lo que sean, de Nouvel, Hadid,
Herzog y de Meurón, Zaera y el sunsun corda hacen
la misma ciudad que hacían Miguel Angel y Bernini
para los papas, pues toman a la ciudadanía como
fieles o espectadores de sus fastos. Dado que la ciudad
es polis, hay que aceptar que el poder tenga su espacio
en la ciudad, pero cuando los únicos espacios
propios de la ciudadanía son ya la televisión
o la autopista, la ciudad no exhibe más que arquitecturas
del poder. Es decir, de la Historia. Y a diferencia
del urbanismo tradicional de tejidos y arterias, los
GPUs son auténticos trampolines de ese tipo de
ciudad y de sus "arquitecturas". Y por eso,
los GPUs de la Barcelona Olímpica y los del Forum
son el mismo invento, por mucho que algunos traten de
añorar los primeros por el casticismo local de
su cerebro creador y de sus arquitectos colaboradores,
frente a la poca simpatía de un tipo como Acevillo
que ha preferido a los arquitectos galácticos.
Pero
los GPUs en Barcelona no se paran en Diagonal Mar y
el propio Sabaté y la arquitecta salvadoreña
Ingrid Olivo, profesora también en Barcelona,
nos adelantaron cifras del plan llamado 22@BCN que es
todo un GPU ideado para transformar el Pueblo Nuevo
en una ciudad de las Tecnologías, la Información
y las Comunicaciones, como se dice ahora. Es decir,
para mover dinero sin freno (y sin crear ciudad) en
lo que fuera ese gran territorio pequeño empresarial
situado entre la autopista a Mataró y el mar
que se ganó merecidamente el sobrenombre del
Manchester español.
Jerga,
gestión política, economía y perspectivas
mundiales
Pero
antes que Barcelona tomara su lógico protagonismo,
el ponente general del curso-simposio de Tenerife y
miembro del Lincoln Institute, el arquitecto salvadoreño
Mario Lungo, ya nos había ofrecido en la lección
inaugural una perspectiva mucho más amplia (diríamos
que "globalizada") de la jerga que van acuñando
los GPUs por el mundo, un panorama de los cursos que
el Lincoln Institute va impartiendo igualmente por uno
u otro continente, y un resumen de las importantes implicaciones
económicas o estratégicas que los GPUs
poseen. Implicaciones estas últimas tan importantes
que, maliciosamente, me llegué a preguntar si
tras el interés de una institución universitaria
norteamericana por saber el estado actual de los GPUs
en España no estaría ese Gran Hermano
que todos vemos siempre en la tenebrosa Central de Inteligencia
Americana que todo lo sabe o lo debe saber.
Operaciones
como la reutilización de Grandes zonas militares
y portuarias en el estuario del río de la Plata,
el conjunto de acciones de nivel intermedio pero de
gran impacto en Rosario, los fracasos de gestión
para un nuevo aeropuerto en México DF, el caso
del aeropuerto Cerrillo en Santiago de Chile, los planes
de rehabilitación de cascos urbanos de gran valor
histórico como La Habana, Quito, Cartagena de
Indias o México DF, los grandes centros vacacionales
de América Latina, tipo Varadero, Cancún,
Punta Cana, etc., los planteamientos sociales o estratégicos
de los nuevos transportes colectivos como el metro de
Caracas o el Transmilenio de Bogotá, etc. etc.
nos llevaron por un rato al otro lado del Atlántico
en un territorio donde ciudades más abiertas
y con mayor disposición de grandes espacios,
parecen más propicias para los GPUs, aunque la
atomización de poderes o la falta de instituciones
metropolitanas, parecen ponerlos en crisis. Europa y
Asia quedaron fuera de programa, con lo curioso que
sería por ejemplo estudiar el caso de Londres,
una ciudad más abierta y vulnerable a los GPUs,
con operaciones en marcha tan notables (y lamentables,
según hemos podido comprobar en un viaje reciente)
como la de los Docks.
Por
ello que, más que la erudición, me llamaron
la atención algunos de los términos de
la jerga que, a la postre, constituyen el acerbo más
decantado de este nuevo saber urbanístico. Las
más importantes y repetidas eran las palabras
"apuesta", "competición",
"vocación futura" y hasta "destino".
Por lo visto, las ciudades han dejado de ser para siempre
lugares concretos llenos de vida e historia para convertirse
en entes de poder que "apuestan" y "compiten"
entre sí o que preparan su "vocación
futura" y hasta "proyectan su destino".
Unos torneos en los que las armas más actualizadas
parecen ser los GPUs.
Pero
nada hay más loco y contradictorio que hablar
de "vocación futura" o de "proyectar
el destino" porque, por definición, la vocación
es el descubrimiento de lo que nuestra naturaleza ha
puesto ya en nosotros, y el destino es lo que ya "está"
escrito y no lo por escribir. Así que una vez
más se nos aparece ante el entendimiento que
la fascinación, uso y abuso de una nueva técnica
operativa, no es sino otra muestra de la enajenación
de nuestra cultura y del vaciamiento del lenguaje.
El
vocablo "competición" parecería
mucho más sencillo de entender y más ajustado
de significados, pero tampoco. Ya no sólo en
los periódicos sino también entre los
expertos urbanistas del propio curso-simposio se hablaba
una y otra vez de la competición entre ciudades;
así que para incordiar un poco y romper esos
consensos cretinos que se forjan sobre la repetición
de términos manoseados yo vuelvo a preguntar:
¿a qué tipo de competición se hace
referencia?
Para
empezar, la competición no es limpia porque las
ciudades nunca juegan entre sí en campos neutrales.
Como entes políticos, las ciudades ocupan uno
de los peldaños inferiores en la escala de los
sujetos políticos en los que se organizan las
sociedades humanas, por debajo de las provincias, los
gobiernos territoriales, los estados, las federaciones
de estados o las sociedades de naciones. De modo que
la injerencia de todos los entes políticos superiores
en la competencia entre ciudades convierte el juego
en una carrera por ganarse los favores de los entes
superiores. Sin ir más lejos, las concordancias
o divergencias de los colores políticos entre
los gobiernos locales y los regionales es una de las
pruebas más claras de lo turbio que es este juego
(como muestra, leo hoy en el periódico que la
emergente Valencia del PP anda a la greña con
el nuevo gobierno central del PSOE porque después
de conseguir ser sede de la Copa de América,
ahora se ve sin el apoyo económico del Estado...).
La
injerencia de los Estados sobre las Ciudades podría
decirse que es fundacional, pues los Estados Ilustrados
se constituyen mediante el robo a las ciudades del título
de ciudadanos que daban a sus moradores. La ciudadanía
pasó a ser entonces una carta de derechos y deberes
otorgada por los Estados y no una condición de
enraizamiento de los hombres en los organismos urbanos.
El nuevo ciudadano resulta ser el no-ciudadano, o el
trans-ciudadano, asunto este que tiene unas connotaciones
jurídicas y penales de gran calado que no voy
a tratar aquí, pero que apunto simplemente para
poner de relieve la diferencia entre el viejo régimen
punitivo del "destierro" y los modernos y
lamentables sistemas penales de "encierro".
(véase al respecto la rev Archipiélago
n. 55, carpeta dedicada titulada Prisiones de la Miseria).
Los Estados son auténticos vampiros de la ciudades,
de modo que la famosa "competencia" política
entre ciudades no es otra que la de ganarse los favores
de su nuevo señor.
Ahora
bien, entendidas las ciudades como mercados de suelos
con posibilidades de ganancias para el capital, la competencia
pudiera entenderse bastante lícita, aunque a
todas luces desoladora, porque una visión meramente
económica de la ciudad es lo más simple
y bajo en lo que se puede caer.
En
el marco del curso-simposio de Tenerife, el ponente
general de "economía urbana" era el
otro miembro del Lincoln Institute, Paolo Sandroni,
un economista brasileño muy simpático
con el que no aprendimos mucho de economía, pero
que nos deleitó los desayunos, comidas y cenas
con una nutridísima y variada gama de peripecias
personales y urbanas por todo el continente americano.
En
la jerga económica-urbana de los GPUs, aparecen
asuntos macro y micro, temas de impuestos y tasas muy
complicados por las competencias de las distintas administraciones
y por las delimitaciones de los conceptos impositivos;
cuestiones sobre el reparto de las cargas de los GPUs
y las dudas sobre si esas cargas deben ser asumidas
por toda la ciudad o sólo por el área
concreta en que se produce; reparto de las plusvalías
generadas mediante nuevas tasas sobre los beneficios
de la operación (una cosa llamada Tif Tax Incrementing
Financing); o el debate sobre los porcentajes de compensación
de los desequilibrios urbanos extremos, entre las plusvalías
de los inversores y los barrios más miserables.
Es
curioso que cuando se habla de algo tan sencillo como
el dinero contable, los problemas urbanos se hacen más
incomprensibles. Es una demostración más
de que el dinero no es lo más concreto, sino
lo más abstracto (el Abstracto Máximo
o el Dios más Progresado, que dice Agustín
García Calvo con singular acierto; véase
"de Dios" ed Lucina). Así que, perdidos
como estábamos en la maraña de conceptos
económicos, Paolo Sandroni nos rescató
de la confusión contándonos algunos GPUs
en Sao Paulo, como el caso de Aigua Branca o el de Faria
Lima, donde pudimos ver que el juego de poderes, inversores,
reivindicaciones sociales, periodismo, transporte, etc.
tenía más parecido con el guión
de una película de Hollywood que con un tratado
académico de correcto urbanismo. Eso sí,
con un ingrediente económico de "gran ingenio"
como era la puesta en práctica de una cosa llamada
los C-PAC que consistía en la venta anticipada
de "papel" de los metros cuadrados construibles
del GPU a fin de que la administración municipal
tuviera "plata pública" para acometer
las obras, en vez de sólo compromisos. Aunque
a la postre, Sandroni escenificaba el "izquierdosismo"
de las administraciones latinas con las que él
colabora, como ese momento clave de la película
cuando el buen funcionario le clava el puñal
en el pecho al empresario promotor del GPU, y se lleva
parte de su botín para los pobres.
Los
casos de Madrid
Pese
a la prioridad protocolaria hacia Barcelona, por ser
la ciudad estrella de los GPUs, los casos de Madrid
tuvieron un gran protagonismo en el curso-simposio de
Tenerife, con dos largas conferencias de Jose María
Ezquiaga, arquitecto y sociólogo, con un dilatado
curriculum en la administración de la ciudad
y de la comunidad de Madrid, y en cargos políticos
de responsabilidad durante los gobiernos socialistas,
pero que ahora parece haber orientado sus saberes hacia
la gestión de GPUs.
Con
un discurso veloz y bailarín, nos enseñó
Madrid con cientos (o miles) de imágenes perfectamente
ordenadas como en un guión de documental televisivo.
Así que no era fácil tomar notas o hacerse
una idea de si el modelo de Madrid tenía todavía
más que ver con un planeamiento integral y metropolitano,
coherente e integrador, o con un consumo abierto y desaforado
de suelo en el que los GPUs campearían a sus
anchas.
Aunque
no está en mi ánimo transcribir su conferencia,
sí que haré una sinopsis de algunas notas
que tomé y de algunos temas que entresaqué
de su discurso vertiginoso.
Entre
la forma de hacer urbanismo del Plan General y los GPUs,
un desdoble del que ya prácticamente todo el
mundo parece concienciado, el Madrid democrático
ofrece a su juicio unas etapas urbanísticas bastante
concretas:
1.
Entre 1979 y 1981 aparición de los convenios
y de planteamientos de un urbanismo defensivo.
2.
Entre 1981 y 1985, apuesta por la recuperación
de la ciudad existente. Operación Atocha (por
cierto, la fascinación de Ezquiaga por ese proyecto
y sobre todo, por la elección de Atocha como
lugar emblemático de los atentados del 11-M me
pareció algo patológica, si bien desconozco
las causas; como se fue corriendo al acabar su segunda
conferencia no pude recetarle la lectura del hC16 a
ver si se le curaba un poco; en cualquier caso lo tiene
en la página del COAR en internet)
3.
Entre 1985 y 1992 etapa de transformación urbana
profunda con introducción de criterios de rentabilidad
económica (o caja cero)
4.
Entre 1992 y 2001 reestructuración metropolitana
con la apertura de la ciudad al territorio circundante
mediante un gran inversión viaria.
5.
Entre 1998 y 2003 aparición de nuevas centralidades
suprarregionales.
Consecuencias
graves de todo ello han sido la gran explosión
en el consumo de suelo y la pérdida de oportunidad
de regeneración interior. Entre 1975 y la actualidad,
prácticamente se ha duplicado el suelo urbano
mientras que la población se ha mantenido más
o menos estable, lo que da pie a pensar en un enorme
despilfarro de energías. Por lo que respecta
a la ciudad anterior al 75, el inicial esponjamiento
poblacional producido no ha tenido correlación
con un esponjamiento físico posterior, por lo
que en sus barrios menos favorecidos ha sido recolonizado
por la oleada de inmigración de los últimos
años, produciéndose una degradación
difícil de reconducir. En expresión de
Ezquiaga, el crecimiento acelerado ha ido dejando "cadáveres
en el armario" que, en mi interpretación,
parecen ser carne de cañón de GPUs.
Hechas
las lecturas globales, el ponente
pasó a contarnos dos GPUs, uno realizado, el
del Pasillo Verde de Príncipe Pío, y otro
en gestión (y en sus manos): el de la Operación
Chamartín.
El
del Pasillo Verde de P. Pío parecía consecuencia
directa de una serie de reivindicaciones ciudadanas,
con lo que la administración socialista actuante
tenía el éxito asegurado a menos que se
apartara mucho de sus demandas. Un caso parecido al
que dos días atrás Sabaté había
contado de Sabadell con un entusiasmo tan encendido
que me vi en la necesidad de apagarlo en base a la pobre
impresión que a mí me había producido
en una reciente visita a esa ciudad. Del Pasillo Verde
no puedo hablar mucho porque no lo he visitado. En cualquier
caso, no parecía dar mucho juego.
Así
que Ezquiaga concentró sus esfuerzos en tratar
de vender al auditorio las ideas rectoras de la Operación
Chamartín y a explicarnos todos los pormenores
de ese GPU con todo lujo de detalles.
En
tanto que Madrid es una ciudad en la que no es fácil
orientarse, la continuidad norte de la Castellana debe
de entenderse como una buena decisión para la
legibilidad de la ciudad. Agarrándose a ese argumento,
Ezquiaga pretendía para la Operación Chamartín,
algo así como su incardinación genealógica
con los proyectos de Secundino Zuazo primero y de Pedro
Bidagor después, en las sucesivas ampliaciones
de la Castellana. El asunto moral de la Operación
Chamartín estaba en cuantificar cuanta vivienda
social podría meterse en su delimitación.
Y el prestigio arquitectónico de los edificios
se había confiado a la emergente firma del equipo
de Abalos y Herreros, abandonando así los planteamientos
de una primera operación movida por el BBV y
el último gobierno del PSOE, con Mercé
Sala como maquinista de la RENFE, en el que la estrella
invitada había sido Ricardo Bofill.
Pero
como no estábamos por aplaudir ni abuchear un
proyecto cargado de buenas intenciones (y miles de millones),
y uno de los asistentes, el arquitecto Juan Manuel Lázaro
Pérez Toledo venía con ganas de dar caña
al pelotazo, perdón GPU, de la Ciudad Deportiva
del Real Madrid, el interés derivó en
analizar un caso bastante claro en que un GPU no es
otra cosa que una cobertura más o menos racional
para una gigantesca operación de dineros sobre
el palé de la ciudad, con la invitación
de los más brillantes arquitectos mundiales de
rascacielos. El asunto aún anda sub judice, así
que ahí lo dejamos.
Bilbao,
ay como has cambiao
Bilbao
ya no eres el de antes, que decía la canción.
Los grandes espacios portuarios aguas arriba del puente
de Deusto y los de los astilleros de Euskalduna, aguas
abajo, han intentado ser utilizados, después
de la gran crisis de la industria pesada, como el motor
de arranque de un nuevo Bilbao. Lo más espectacular
en este caso fue empezar por el postre, esa tarta de
titanio que ni el arquitecto que la pensó se
creyó que podía hacerse realidad. Pero
más difícil es hacer un barco de hierro
y que flote y no le entre agua, y los bilbaínos
habían hecho muchos allí mismo. Lo que
nunca habían hecho es un GPU tan grande y ambicioso,
y por las cuentas que nos echó la última
ponente, la economista Arantza Rodríguez, así
así va la cosa.
Para
empezar, Rodríguez denunció el exagerado
marketing que se ha hecho con el caso Guggenheim, y
la fantasmada de hablar del "milagro Bilbao"
cuando en realidad la capital vizcaína no es
sino un "late comer" en esto de las revitalizaciones
urbanas, pues ciudades como Pittsburg, Baltimore o Birmingham
hace años que ensayaron las suyas por el mismo
procedimiento.
Pero
no se quedó ahí y atacó al meollo
de los GPUs diciendo que en el fondo éstos no
son sino una degradación de la política
urbana, transformada en gestión local de la economía
globalizada.
Con
un estilo un tanto "alegre y combativo" (algunos
recordarán lo que significa eso en la política
euzkadiana) fue corroyendo el brillo de las gestiones
de la sociedad gestora "Bilbao ría 2000"
sin dejarse en el tintero ni al tranvía, al que
calificó de artefacto torpe y lioso en el actual
viario bilbaíno. Lo que más me sorprendió,
sin embargo, fue el fracaso de los dos rascacielos de
Abando Ibarra que querían a ser la punta de lanzamiento
de Bilbao como la gran capital financiera del norte
de España. Según sus datos, ninguna multinacional
había querido instalarse en las torres de Pelli
(¿o eran de Pei?, no me acuerdo) y viendo que
el brillo de los muros cortinas parecía empañarse,
también la potente diputación vizcaína
había renunciado a instalarse en el rascacielos
reservado para ella en ese nuevo centro de gestión
llamado al fracaso. En consecuencia y para salvar los
muebles, vivienda de especulación, shopping center
y tira palante con los hoteles. Al final, solo el turismo
parece que responde, aunque las cifras de visitas van
lentamente decayendo.
Entre
los asistentes, sin embargo, no todo era amén,
pues el arquitecto Víctor García Oviedo,
que había trabajado en diversas fases preparatorias
del Plan de Bilbao a comienzos de los ochenta, pintó
con tintes mucho más negros la realidad de partida:
Bilbao era una ciudad hundida, y fantasmadas aparte
o inclusive (muy propias de los bilbaínos), no
se debería hablar tan mal de los esfuerzos realizados
por sacarla del fango.
Lo
que no quedó claro es dónde efectivamente
se habían producido esos esfuerzos, y si esa
recuperación más que evidente en una sociedad
política destrozada por el terrorismo, la cobardía
y el encubrimiento, se debía a las apuestas del
territorio ría 2000, o a las actuaciones coordinadas
en otras áreas.
Miscelánea
Lo
peor del curso-simposio, -amén de un jueguecito
ridículo e incomprensible que nos propusieron
los del Lincoln durante toda una tarde, para perderla
miserablemente-, fue el poco tiempo dado para que los
asistentes con GPUs entre sus manos pudieran exponer
sus casos. Cuando la gente tiene que hablar deprisa
se hace tal lío entre los aspectos anecdóticos
y los estructurales de sus trabajos, que el lío
pasa luego al oyente en forma de apuro.
De
Asturias vinieron tres arquitectos y un economista con
un rosario de asuntos. Para empezar partían de
un enorme patrimonio minero en ruina que había
que salvar por razones históricas y hasta sentimentales,
y a la vez servir de soporte simbólico para operaciones
de revitalización urbana a la escala de los valles
y cuencas mineras. Por otro lado contaban con un gran
volumen de dinero de esos fondos europeos que de vez
en cuando se encuentran como las vetas de carbón.
Es decir, sus GPUs eran de lo más original porque
no se trataba de hacer dinero con las ciudades (como
es habitual en los GPUs) sino de usar los dineros para
hacer ciudad. Y además, de lo más complejo
y ambicioso, pues a través de todo un proyecto
de proyectos se venía a plantear la cohesión
territorial de un área geográficamente
dispersa y a veces inconexa. Como eran imposibles de
entender en quince minutos los proyectos de recuperación
ambiental de las cuencas mineras en el área central
de Asturias, las propuestas de reutilización
de los activos ociosos de Hunosa o la ampliación
del campus universitario de Barredo en Mieres, espero
tener ocasión futura de ver como evolucionan
dichos proyectos y saber si son llevados a cabo, para
dedicarles el espacio que se merecen.
El
catedrático de Geografía de la Universidad
de Sevilla, Juan Francisco Ojeda Rivera, redactor de
un Informe de "Criterios Territoriales para una
política contra la pobreza y la exclusión
social en Andalucía", expuso los análisis
y gestiones para la configuración de un Plan
Integral para el Polígono Sur de Sevilla que
pretende atajar la marginalidad de esta enorme bolsa
urbana donde viven unas cincuenta mil personas y que
es el verdadero paradigma de la exclusión y del
estigma social en la región, y ante el que han
fracasado diversos planes sectoriales y urbanos. La
creación de una autoridad única llamada
"Comisionado para el Polígono Sur",
que programe las intervenciones parece ser una de las
originalidades de este GPU en el que el proceso participativo
parece ser clave.
Puesto
que estábamos en las Islas Canarias, la exposición
de los GPUs de las dos capitales insulares ocupó
el grueso de los casos particulares. Las dificultades
del proyecto para volver a crear un tranvía entre
Santa Cruz de Tenerife y La Laguna, con ampliación
hasta el aeropuerto; las propuestas para el Centro Histórico
de Vegueta-Triana en Las Palmas de Gran Canaria; la
autovía de circunvalación de Las Palmas
de Gran Canaria y los proyectos asociados de dotaciones
para integrarla en el paisaje urbano; o el Plan de las
Teresitas en el pueblo de San Andrés, cuyos terrenos
pudimos ver in situ de la mano de sus geógrafos,
donde se trata de luchar contra procesos especulativos
y amenazantes proyectos estrellas (un Perrault, por
lo menos), constituyeron, entre otros proyectos que
por escasez de tiempo no pudieron ser expuestos, el
material informativo del curso.
Por
mi parte, y en cinco minutillos de propina que quedaron
al final de una larga tarde, intenté transmitir
que los más grandes proyectos urbanos, quizás
no sean los que más inversiones económicas
y esfuerzos de gestión llevan aparejados y que
sería bueno pensar, no tanto en grandes transacciones
de dinero como en pequeñas modificaciones de
pensamiento, de modo que sencillas alteraciones en la
forma de entender la ciudad y sus relaciones con el
Estado, o sencillas disposiciones normativas o cambios
de costumbres condujeran a las ciudades por caminos
diferentes a donde las llevan los GPUs del curso. Poner
los nombres de los vecinos en los porteros automáticos
de las casas para que los ciudadanos recuperen la dignidad
que confiere la ubicación; crear el estatuto
del ciudadano de las ciudades frente a los ciudadanos
de los Estados y empezar a darles contenido hasta transformar
radicalmente la democracia universal en las ciudades
(véase La conferencia de Nápoles antes
citada); hacer de los viejos los ciudadanos por excelencia;
castigar a quien use palabras como "apuestas"
y "competiciones" en asuntos de ciudad; exigir
a la justicia que recupere la pena del destierro; convocar
grandes concursos de arquitectura con excelentes jurados
y plazos de exposición para diseñar no
rascacielos o museos sino elementos urbanos tan significativos
como las baldosas o los semáforos propios de
cada ciudad; generalizar el uso de la bici y obligar
a que todos los inmuebles colectivos tengan sus aparcamientos
de bicis en las plantas bajas; reírse a carcajada
limpia de quien diga que proyecta la vocación
futura o rige los destinos de la ciudad, acabar con
el rotondismo fundamentalista (véase elhAll81);
crear barrios donde se den ciertas libertades para construir;
etc.etc.etc., pudieran muy bien constituir el programa
de un curso muy distinto de Grandes Proyectos Urbanos.
Debates
y conclusiones
Parece
una tontada pero un buen debate es un juego judicial
en el que unos defienden una cosa y otros la atacan.
Y para que el juego sea juego, nada como un resultado,
así que la fórmula consistía en
que el público votara al ganador. Como los europeos
estamos siempre de vuelta y vamos de listos, a veces
estas cosas tan sencillas las tenemos que aprender de
los norteamericanos. A pesar de estar escaldados con
el mal jueguecito de aquella tarde perdida que antes
he mencionado, el último día del curso-simposio
aceptamos la invitación a participar en un juego-debate
sobre proposiciones enunciadas por el ponente general
Mario Lungo que prometía ser mucho más
enriquecedor. Aunque el orden en que se plantearon no
fue el idóneo, las pongo yo aquí en el
orden en que debieron de haberse debatido. En el primer
debate, (que fue el segundo) dos equipos entraron en
liza para enjuiciar si las plusvalías generadas
por un GPU deberían invertirse en el área
propia del GPU o podrían revertir en toda la
ciudad. Aunque la proposición era bastante ilusa,
porque los GPUs suelen costarles a las ciudades más
dinero de lo que generan, lo cierto es que la lógica
de la ciudad integrada venció con facilidad.
Más
dura fue la contienda y más parejo el resultado
cuando debatimos el fondo de la cuestión: GPUs
sí o GPUs no. El geógrafo de Sevilla y
yo nos posicionamos contra los GPUs con un argumento
categórico: que los GPUs van contra la lógica
de la ciudad integrada y la jerarquía del planeamiento;
y un par de argumentos accidentales: que la ciudad tiene
un tiempo ajeno a las coyunturas; y que las técnicas
de eficacia acaban por convertirse en un fin en sí
mismo, anteponiendo su dinámica de acción
y su propia rentabilidad económica a los objetivos
sociales de la ciudad. En ese sentido, concluimos en
nuestro ataque, los GPUs son un arma fácil para
que los políticos democráticos de legislaturas
cortas hagan de las ciudades los espacios de sus logros,
convirtiendo las ciudades orgánicas y democráticas
en una especie de yuxtaposición incoherente de
pelotazos y alcaldadas.
Muy
felices nos las creíamos con la rotundidad de
nuestro ataque cuando los asturianos, nos contestaron
con similar energía argumentando que si partíamos
del establecimiento de una ciudad orgánica e
integrada, ¿cómo podríamos negarnos
al uso de las técnicas de la cirugía que
no pocas veces contribuyen a dar vida a cuerpos urbanos
moribundos?. No se puede ser ingenuo, pues cada innovación
técnica significa un progreso de la humanidad
y una pérdida de inocencia; y sólo desde
la ingenuidad más tonta es posible su rechazo
(¿no es lo mismo que pasó con el diseño
y la industria desde la expo de 1851 hasta los congresos
Werkbund de comienzos del s. XX?).
Tuvimos
que envainarla, claro está, no sin antes proponer
que mientras que la nueva técnica no esté
todo lo controlada que requiere, sería mucho
mejor no hacer uso de ella, o por lo menos, no hacer
abuso. La cirugía ha de ser el último
de los recursos y no como en el actual modelo sanitario
en que ya no es que se opere por cualquier cosa, sino
que hasta las cesáreas van camino de convertirse
en el sistema habitual de natalidad.
No
recuerdo bien el recuento exacto de votos, pero los
contendientes aceptamos de buena gana un empate técnico,
pues cuando el juego es brillante lo de menos es el
resultado.
Y
en Logroño
Pero
los GPUs no se acabaron para mí en el curso simposio
de Tenerife. De vuelta a Logroño, cada día
que abro el periódico me encuentro una y otra
vez con noticias de ese GPU que el Ayuntamiento tiene
montado desde hace tiempo en los terrenos de la estación,
y no puedo sino lamentarme por mi ciudad (o mejor dicho,
por esa ciudad cada vez menos mía). ¿Por
qué un Plan General o un Plan Especial no se
ha atrevido a hacer el cosido entre Avda de Colón
y Cascajos? ¿Por qué se ha tenido que
montar esa carísima farándula de arquitectos
estrellas para resolver un problema urbano y arquitectónico
tan sencillo? ¿Para darle carnaza de éxito
político a los periodistas? ¿Para compensar
quizás la contrapartida de unas arquitecturas
comerciales anexas cada vez más grises en sus
resultados y más turbias en sus encargos?
No
quiero volver a cargar las tintas sobre los arquitectos
municipales como hice con el problema del soterramiento
(La famosa incógnita, ehAll64) para no tener
que volver a entonar mea culpas ante la Junta que me
deja dirigir su publicación; ni culpar de todo
este embrollo al alcalde arquitecto que tenemos porque
no es mi intención hacer política de partidos.
Este es un asunto de política arquitectónica
y lo triste es que siendo arquitectos tanto los funcionarios
como el alcalde, se apunten todos con alegría
al circo de las estrellas, y a la fe de que la ciudad
se hace con milagros, y que para milagros nadie mejor
que los santos.
Lleva
muchos años la oficina de urbanismo del ayuntamiento
practicando un urbanismo "técnico"
y "normativo", que ha hecho siempre andar
a sus planes, y al que los productores de ladrillo y
todos sus profesionales asociados le tienen que estar
muy agradecidos. Llevamos muchos años en Logroño
supeditando cualquier debate sobre la ciudad a la eficacia
de esa oficina, y no me es extraño oír
a compañeros "ideologizados" (como
ellos se dicen) que yo no sé apreciar lo bien
que lo hacen.
Es
posible que algunos de esos arquitectos ideologizados
hasta disfruten también con ese pase de estrellas
por la ciudad, del mismo modo que el país (casi)
entero disfrutó no hace mucho con el pase de
príncipes, realezas y demás guapura en
la última boda real. Mejor para ellos. Que lo
disfruten y les aproveche. Y les reideologice, si cabe.
Mientras
tanto, yo diré que echando la vista atrás,
se puede comprobar que para que esta ciudad fuera hecha
no había que esperar milagros de fuera y que
los arquitectos locales hacían lo mismo una entrañable
plaza de toros (v elhAll n 9), como una estación
de ferrocarril (v. elhAll 69). ¿Son los arquitectos
locales peores que los de antaño? No. Para nada.
Lo que se ha disparado es el paletismo provinciano que
ahora, parafraseando la tesis de Arantza Rodríguez
sobre Bilbao, no es que sea paleto por ser local, sino
que es sumamente paleto por jugar a globalización
económica y cultural con la política local
a mayor gloria de sus efímeros (por democráticos)
dirigentes.
Codearse
con Winy Maas o con Rem Kolhaas por las calles de Logroño
debe ser un premio tan importante para un arquitecto
municipal como ser invitado a la boda del príncipe
para un cortesano madrileño de medio pelo. Y
aunque Zaera ya empieza a estar muy visto, y el periódico
local tiene todo un repertorio de fotos suyas "posadas",
algunos/as parece que le siguen viendo cierto sex appeal.
En el caso de Abalos y Herreros, aunque sean del país,
también son de los grandes, pues ya les hemos
visto líneas más arriba en otro GPU de
campanillas, el de la Operación de Chamartín
gestionado por Ezquiaga. Así que como de Adrian
Geuze yo no sabía nada (¡y vaya retrato
con el que se presentaba en el periódico! / ver
abajo), le pregunté a la arquitecta funcionaria
y comisionada en la Sociedad del Soterramiento del Ferrocarril,
Mari Cruz Gutierrez en un encuentro callejero y casual
(de esos que, a mi entender, son lo que hacen ciudad)
que quién era, y me contó entusiasmada
que era tan genial y maravilloso, que seguro que va
a tener mucho que decir en un caso como el de Logroño.
Con
eso acabo. Como los que estamos en Logroño no
tenemos nada que decir sobre Logroño, esperemos
que alguien desde lejos nos escuche a través
del invento del papel impreso o del internet y nos haga
sentir con su lectura, si no ciudadanos de nuestra ciudad,
por lo menos aún, con vida y voz.
|







[Pulse
la imagen para ampliar]






|