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Patrimonium
Pecuarium
Iglesias sin Dios
Del
14 de noviembre al 9 de diciembre de 2003
Sala de Exposiciones del COAR
Barriocepo 40, Logroño.
La
idea en la que se inspira y sobre la que gira el contenido
de esta exposición fotográfica surgió
hace algo más de un año y, como todas las buenas
ideas, fue resultado de la conjunción de dos elementos
que sólo el azar pudo poner en nuestro camino: la lectura
de una obra del psiquiatra norteamericano Oliver Sacks que
llevaba por título Un antropólogo en Marte,
y el descubrimiento del estado en el que se encontraban o
de la finalidad a la que habían
sido destinadas las ermitas y templos enclavados en diferentes
poblaciones de la Sierra Riojana.
La
lectura del último de los relatos recogidos en el volumen
al que acabamos de referirnos, consagrado a describir las
andanzas de una zoóloga autista dedicada profesionalmente
al diseño de instalaciones para el manejo de todo tipo
de ganado, sirvió tanto de acicate como de inspiración
del tono irónico con el que se abordaba en un breve
artículo la devastación a la que habían
sido sometidos estos bienes patrimoniales (Nuevo orden
arquitectónico en La Rioja, Piedra de Rayo 8,
p. 66-77). Y ha sido esta ironía, precisamente, la
que le ha granjeado una continuidad que nunca creyó
merecer y que, sin embargo, el Colegio Oficial de Arquitectos
de La Rioja, en colaboración con la revista Piedra
de Rayo, ha tenido a bien otorgarle.
En
un principio, esta muestra iba a limitarse a recoger los testimonios
gráficos de los templos serranos que respondían
a la casuística expresada en el escrito ya citado -iglesias
corraliza e iglesias pajar-, pero una inspección minuciosa
ha permitido descubrir nuevas tipologías y comprobar
que el deterioro y los destrozos irreparables afectan igualmente
a muchas de las edificaciones religiosas que se encuentran
enclavadas en el resto de la Comunidad.
Todas
las iglesias en situación de abandono han seguido un
proceso semejante. La escasez y las dificultades que secularmente
habían sufrido los habitantes de la Sierra se volvieron
insufribles cuando comprendieron que otro tipo de
vida era posible y que los centros urbanos absorbían
y proporcionaban trabajo a los recién llegados. En
menos de dos decenios, entre 1960 y 1975, muchos de estos
pueblos quedaron completamente vacíos e, incluso, fueron
vendidos al I.C.O.N.A. Así finalizó la vida
útil de las parroquias y ermitas locales, la función
para la que habían sido concebidas originalmente.
Mientras
se producía este proceso, algunos templos comenzaron
a ser expoliadas de todos los elementos que contenían
y que poseían algún valor artístico o
documental: registros, archivos, biblias, misales, retablos,
imágenes, mobiliario, ajuar, altares, pilas bautismales,
tarimas, campanas, vigas, tejas, sillares, etc. A continuación,
se reaprovecharon para almacenar forrajes o para albergar,
con un coste igual a cero, las reses de los ganaderos que
antes vencieron los escrúpulos que inicialmente podían
haber sentido al profanar un espacio cargado de simbolismo
y de emoción religiosa. Cuando la inminencia de la
ruina y el desprendimiento de las cubiertas hacía peligrar
la vida de los animales o de sus propietarios, se optaba por
cerrar el acceso, por demoler o extraer los elementos estructurales
que provocaban la amenaza y, en algunas ocasiones, se destinaban
a otros fines.
La
indignación de los antiguos vecinos, el respeto por
el pasado y los antepasados, y la amenaza de sanciones por
la destrucción de un patrimonio que sigue siendo, en
la mayor parte de los casos, propiedad eclesiástica
no ha evitado que muchas iglesias hayan acabado transformándose
en almacenes o en fuente de materiales de construcción
y, también, en muladar, necrópolis, escombrera,
radiografía de procedimientos constructivos diversos,
vivero vegetal, colmenar, blanco de tiro, contadero, sala
de exposiciones o de instalaciones artísticas
contemporáneas, ruina romántica o escenario
de novelas góticas. Los edificios que se encuentran
en esta penosa situación rebasan el medio centenar
y si nadie lo remedia urgentemente es muy probable que a la
vuelta de diez años acaben convirtiéndose en
una montaña informe de cascotes.
Esperemos
que la contemplación de esta selección de imágenes
no deje a nadie indiferente y que quienes lo hagan sientan
la misma incomodidad que nosotros experimentamos al captarlas.
Texto
y fotografías:
Iñigo Jauregui Ezquibela & Carlos Muntión
Hernáez
ANGUTA:
Iglesia de la Asunción
ANTOÑANZAS: Iglesia de Santa Lucía
ARNEDILLO: Ermita de Stª Mª de Peñalba
BUCESTA: Iglesia de Santa María
CASALARREINA: Ermita de San Román de Ajugarte
CLAVIJO: Monasterio de San Prudencio
EL COLLADO: Iglesia de San Juan Bautista
DEHESILLAS: Iglesia de Santa Catalina
LA ESCURQUILLA: Iglesia de Santa Ana
HERRAMÉLLURI: Iglesia de la Natividad
LA MONJÍA: Iglesia de la Magdalena
LARRIBA: Iglesia de San Juan Bautista
LUEZAS: Iglesia de la Asunción
MONTALBO EN CAMEROS: Iglesia de San Miguel
NAVALSAZ: Iglesia de Santiago
OCÓN: Iglesia de Santa María
OLLORA: Iglesia de San Miguel
OTERUELO: Iglesia de San Lorenzo
PEDROSO: Iglesia de San Juan
POYALES: Iglesia de la Concepción
EL REDAL: Ermita de San Justo y San Pastor
REINARES: Iglesia de San Miguel
RIBALMAGUILLO: Iglesia de Santiago
ROBRES DEL CASTILLO: Iglesia de Santa María
SANTA CECILIA: Iglesia Parroquial
SANTA MARÍA EN CAMEROS: Iglesia de la Asunción
SAN VICENTE DE LA SONSIERRA: Iglesia de Orzales
SOTO EN CAMEROS: Ermita del Campo
TORRE EN CAMEROS: Iglesia de San Martín
TORREMUÑA: Iglesia de Santa María
TREGUAJANTES: Iglesia de San Martín
TURZA: Iglesia Parroquial
TURRUNCÚN: Iglesia de Santa María
VILLANUEVA DE SAN PRUDENCIO: Iglesia Ntª Sª de la
Esclavitud
ZARZOSA: Iglesia de Santa María de Villar
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